Desde Tramacastilla, en la sierra de Albarracín, aparcamos el coche en una pequeña zona recreativa a las afueras del pueblo saliendo por la carretera que lleva a Villar del Cobo. Desde allí encontraremos la ruta señalizada, por lo que no habrá problema para llegar hasta los restos del molino. Veremos varias rutas señaladas, algunas de las cuales comparten parte del recorrido y se separan más tarde.
En tan sólo 4,8 km llegaremos al molino; una vez allí, subiendo río arriba, podemos acercarnos a la zona de los estrechos, la zona más espectacular.
La ruta de los estrechos puede realizarse en sentido del río; para ello deberíamos empezar desde Villar del Cobo, eso sí, es altamente recomendable, en caso de querer atravesar los cañones, elegir un día de bastante calor (al menos si el río lleva bastante agua).
Como el agua estaba demasiado fría, nosotros tan sólo subimos unos 200 metros río arriba, y decidimos dejar la ruta acuática completa para otra ocasión. Hay pozas en las que el río puede llegar hasta la cintura, si bien, el resto del recorrido suele cubrir no más de uno o dos palmos.
De vuelta a casa, aprovechamos para hacer una parada en los restos del castillo de la Santa Croche (S XII), situado a un margen de la carretera que lleva de Albarracín a Teruel.
Lo mejor: El "pequeño homenaje" que nos dimos al terminar en el Érase una vez, un restaurante con encanto situado en Tramacastilla y la espectacularidad de las altas paredes de los cañones entre los que discurre el río.
Lo peor: La temperatura gélida del agua (a pesar de que era mediados de julio) y el estado de la ruta de vuelta: habíamos consultado un blog en el que se indicaba un camino para llegar (el que seguimos) y otro para volver (indicado sólo con marcas de pintura, no con carteles), si bien la entrada del blog era de hace unos tres años, y encontramos esa senda impracticable y "comida" por la vegetación, por lo que nos tocó dar la vuelta y volver por donde habíamos ido.
lunes, 15 de julio de 2013
domingo, 30 de junio de 2013
Cascada de Calomarde y nacimiento del río Cuervo
Partiendo desde Teruel nos desplazamos hasta la localidad de Calomarde, perteneciente todavía a Teruel pero lindando con la serranía de Cuenca.
Tras ver la cascada (fácilmente accesible en coche y muy cerca de la zona de aparcamiento), nos dirigimos hacia la ruta que lleva al Barranco de la Hoz. Esta ruta empieza a las afueras de Calomarde, y nos lleva por un paseo al lado del Mohicacho, pasando junto a la presa de los ahogados.
Se encuentra bien señalizada, con un cruce indicando dos direcciones, cogiendo la de Frías de Albarracín que avanza sin perder de vista el río.
Sólo llegamos a hacer la mitad del camino por falta de tiempo, coronando una de las lomas, la cual nos ofrecía una estupenda panorámica del lugar.
Tras refrescarnos los pies ante la presa, retomamos el camino hacia Tragacete, parando en el camino para ver el nacimiento del río Tajo. Su ubicación y señalización se hallan fácilmente, aunque la zona ofrece un paisaje más bien discreto, siendo el nacimiento de tan famoso río simplemente un pequeño arroyuelo que emana del suelo, aunque la zona fue escogida por ser un cruce de caminos entre Guadalajara, Cuenca y Teruel (así se puede ver en las estatuas elegidas en su representación).
Llegamos así a Tragacete, donde la parada a comer es obligatoria. Después del café partimos hacia el nacimiento del Cuervo, que está tan solo a 13 kilómetros, habiendo también un desvío dentro del pueblo.
En la zona encontramos dos grandes zonas de parking, y desde ahí emprendemos la subida hasta el nacimiento, a través de un sendero de 1.800 metros, totalmente habilitado para su subida.
Este recorrido, además de estar gran parte de él habilitado para carritos de niños y personas con discapacidad motora, nos permite avanzar por él a la sombra de los estilizados pinos que pueblan toda la superficie.
Aunque otros nacimientos ofrecen una cascada bien delimitada, éste nos permite disfrutar del agua cayendo en un amplio abanico, lo que le da al nacimiento su aspecto característico.
Lo mejor: La panadería de Albarracín que se encuentra al otro margen del río, y que cuenta con horno de leña. La disponibilidad de recorridos acuáticos que se pueden realizar en verano, cuando el calor aprieta. La accesibilidad del nacimiento, que permite a cualquier tipo de viajero poder disfrutar de un magnífico rincón de la naturaleza.
Lo peor: La masificación de turistas en el nacimiento.
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| Calomarde |
Tras ver la cascada (fácilmente accesible en coche y muy cerca de la zona de aparcamiento), nos dirigimos hacia la ruta que lleva al Barranco de la Hoz. Esta ruta empieza a las afueras de Calomarde, y nos lleva por un paseo al lado del Mohicacho, pasando junto a la presa de los ahogados.
Se encuentra bien señalizada, con un cruce indicando dos direcciones, cogiendo la de Frías de Albarracín que avanza sin perder de vista el río.
Sólo llegamos a hacer la mitad del camino por falta de tiempo, coronando una de las lomas, la cual nos ofrecía una estupenda panorámica del lugar.
Tras refrescarnos los pies ante la presa, retomamos el camino hacia Tragacete, parando en el camino para ver el nacimiento del río Tajo. Su ubicación y señalización se hallan fácilmente, aunque la zona ofrece un paisaje más bien discreto, siendo el nacimiento de tan famoso río simplemente un pequeño arroyuelo que emana del suelo, aunque la zona fue escogida por ser un cruce de caminos entre Guadalajara, Cuenca y Teruel (así se puede ver en las estatuas elegidas en su representación).
Llegamos así a Tragacete, donde la parada a comer es obligatoria. Después del café partimos hacia el nacimiento del Cuervo, que está tan solo a 13 kilómetros, habiendo también un desvío dentro del pueblo.
En la zona encontramos dos grandes zonas de parking, y desde ahí emprendemos la subida hasta el nacimiento, a través de un sendero de 1.800 metros, totalmente habilitado para su subida.
Este recorrido, además de estar gran parte de él habilitado para carritos de niños y personas con discapacidad motora, nos permite avanzar por él a la sombra de los estilizados pinos que pueblan toda la superficie.
Aunque otros nacimientos ofrecen una cascada bien delimitada, éste nos permite disfrutar del agua cayendo en un amplio abanico, lo que le da al nacimiento su aspecto característico.
Lo mejor: La panadería de Albarracín que se encuentra al otro margen del río, y que cuenta con horno de leña. La disponibilidad de recorridos acuáticos que se pueden realizar en verano, cuando el calor aprieta. La accesibilidad del nacimiento, que permite a cualquier tipo de viajero poder disfrutar de un magnífico rincón de la naturaleza.
Lo peor: La masificación de turistas en el nacimiento.
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domingo, 16 de junio de 2013
Cascada de la Hiedra
Partimos desde Teruel hacia Alcalá de la Selva para realizar un pequeño recorrido que nos llevará, entre pinares, a la cascada de la Hiedra.
Comenzamos en el mirador de San Rafael, en lo alto del último puerto antes de llegar a Alcalá de la Selva. Desde allí, el recorrido está perfectamente señalizado, por lo que no hay pérdida. Unos 5 km de bajada hasta la cascada, aprovechando para ver la fuente de Fuen Narices; desde esa misma fuente, tras seguir un sendero (también señalizado) podemos ver el barranco del arco, con un curioso arco de piedra que parece retar al paso del tiempo.
Resumiendo, un paseo tranquilo con no mucho desnivel, con un entorno muy agradable en pleno bosque.
Una recomendación particular: realizar la ruta a primera hora de la mañana o a última de la tarde, por lo menos la última subida hasta el mirador, ya que a esas horas se pueden encontrar sombras, no así a mediodía.
También es posible acceder a la fuente en coche. Para ello hay que coger un desvío (señalizado a la vuelta, desde Alcalá). Ese camino llevará hasta la fuente, pero hasta la cascada se debe acceder andando.
Lo mejor: la cantidad de agua de la cascada y por el camino, que te invita a refrescarte.
Lo peor: el desnivel positivo queda para el retorno al mirador, y aunque no es muy acentuado, si te pilla un día de mucho calor, puede llegar a ser un retorno exigente.
sábado, 8 de junio de 2013
Cascada del Aljibe
Hoy hemos hecho una caminata para ir a ver la cascada del Aljibe un interesante paisaje muy cercano al pico del Ocejón (en la sierra de Ayllón, Guadalajara).
Para acceder al lugar, en el cual el río Jarama crea varias pozas consecutivas en la piedra entre las cuales encontramos un par de cascadas o saltos de agua, salimos desde El Espinar, uno de los pueblos de la arquitectura negra. Por cierto, atención al desvío que nos lleva hacia el pueblo y la ruta de la arquitectura negra, pues si no giramos a la derecha en este cruce (adjuntamos foto debajo) nos iremos hacia la presa y el poblado.
Desde el pueblo tomamos un camino que hay tras la casa rural Al viento del Ocejón; es una pista que nos llevará directos hacia la cascada, si bien la pronunciada bajada nos obligará a bajar con precaución, pues además, en su último tramo, el terreno es inestable, con mucha piedra suelta y con arena. En total, unos siete kilómetros de recorrido.
A nuestra llegada a la cascada nos encontramos con un grupo de excursionistas que nos recomendaron realizar la ruta desde Roblelacasa, un pueblo cercano desde el que existe también una senda para llegar al río y que, según nos dijeron, permite disfrutar de mejores vistas durante el trayecto.
Otro camino, bien señalizado, permite ir desde El Espinar hasta Roblelacasa desde donde podemos ir a la cascada para regresar a El Espinar realizando una ruta circular algo más larga.
Lo peor: la falta de señalización desde El Espinar y en los continuos desvíos hasta llegar a la cascada.
Lo mejor: la bajada es complicada, pero el paisaje que se disfruta desde lo alto de la loma, antes de empezar el descenso, merece mucho la pena.
NOTA: el acceso al camino que nos llevará a nuestro destino se hace a través de una verja cerrada; esa verja está allí para impedir que salgan las vacas que habrá en el interior, pero aunque estén pastando cerca del camino cuando paséis por allí, no os preocupéis: son totalmente inofensivas.
Para acceder al lugar, en el cual el río Jarama crea varias pozas consecutivas en la piedra entre las cuales encontramos un par de cascadas o saltos de agua, salimos desde El Espinar, uno de los pueblos de la arquitectura negra. Por cierto, atención al desvío que nos lleva hacia el pueblo y la ruta de la arquitectura negra, pues si no giramos a la derecha en este cruce (adjuntamos foto debajo) nos iremos hacia la presa y el poblado.
Desde el pueblo tomamos un camino que hay tras la casa rural Al viento del Ocejón; es una pista que nos llevará directos hacia la cascada, si bien la pronunciada bajada nos obligará a bajar con precaución, pues además, en su último tramo, el terreno es inestable, con mucha piedra suelta y con arena. En total, unos siete kilómetros de recorrido.
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| Pozas y cascada del aljibe |
A nuestra llegada a la cascada nos encontramos con un grupo de excursionistas que nos recomendaron realizar la ruta desde Roblelacasa, un pueblo cercano desde el que existe también una senda para llegar al río y que, según nos dijeron, permite disfrutar de mejores vistas durante el trayecto.
Otro camino, bien señalizado, permite ir desde El Espinar hasta Roblelacasa desde donde podemos ir a la cascada para regresar a El Espinar realizando una ruta circular algo más larga.
Lo peor: la falta de señalización desde El Espinar y en los continuos desvíos hasta llegar a la cascada.
Lo mejor: la bajada es complicada, pero el paisaje que se disfruta desde lo alto de la loma, antes de empezar el descenso, merece mucho la pena.
NOTA: el acceso al camino que nos llevará a nuestro destino se hace a través de una verja cerrada; esa verja está allí para impedir que salgan las vacas que habrá en el interior, pero aunque estén pastando cerca del camino cuando paséis por allí, no os preocupéis: son totalmente inofensivas.
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domingo, 17 de marzo de 2013
Sacedón y Buendía
En nuestra última excursión visitamos las localidades de Sacedón y Buendía, ambas pertenecientes a la Alcarria, aunque situadas en diferentes provincias. Sacedón pertenece a Guadalajara, y Buendía a Cuenca, aunque la relación entre ambos pueblos está más allá de las artificiales fronteras administrativas.
Como en todas nuestras excursiones por la provincia, la lluvia fue nuestra compañera una vez más, aunque a mitad de mañana nos dejó continuar solos nuestros caminos.
Antes de llegar a Sacedón, una breve parada a la derecha del camino. Allí (en un "área de descanso") se divisa una buena panorámica del valle por el que transcurre el río Tajo, viendo de fondo la presa de Entrepeñas.
| Presa de Entrepeñas |
Las calles de Sacedón, sin grandes regalos para el visitante, ofrecen un tranquilo paseo y la posibilidad de degustar variedad de pastas y dulces en cualquiera de las numerosas panaderías cercanas a la plaza.
Al salir del pueblo, se puede aprovechar para subir a la ermita de la Virgen del Socorro, desde donde tendremos unas hermosas vistas de la zona, incluyendo los pantanos. Nada más llegar a Buendía, podemos localizar la oficina de turismo a la entrada del pueblo. Allí nos dan información sobre las dos rutas más populares de la zona: la ruta de las caras y la ruta de la ermita Ntra Señora de los Desamparados, ambas situadas en las afueras del pueblo.
| Una de las caras de la ruta |
La ruta de las caras está señalizada como PR-46, pudiendo hacerse a pie (14 km) o llegando en coche hasta le parking, lo que nos permitirá realizar un recorrido más corto (también a pie), pero en la zona donde se sitúan las esculturas. Este recorrido se puede hacer en una hora aproximadamente, ya que son 1,5 km. Además el paraje ofrece recodos para descansar y tomar un refrigerio, pudiendo elegir entre "playa o montaña", ya que se sitúa al lado del embalse de Buendía.
| Escultura con vistas al embalse |
Por otra parte, y no lejos de allí (al otro lado del embalse), hallamos la ruta PR-47, que nos llevará hasta la ermita.
Se trata de una zona privada, pero de libre acceso, tanto a pie como en coche, exceptuando el último tramo, en el que podemos dejar el coche en una zona de parking y continuar a pie.
Todo el camino transcurre a la vera del río Guadiela, de un color verde turquesa, que junto a la vegetación y la formación rocosa de sus paredes, crea un conjunto de armoniosa belleza. Al final del camino encontraremos la ermita adosada a la piedra.
| Ermita de Ntra Señora de los Desamparados |
Viendo que el tiempo nos acompañaba, de vuelta a casa decidimos rematar el día visitando el castillo de Torija, del cual se hablará en otro post, puesto que entra dentro de otra ruta que tenemos prevista hacer.
- Lo mejor: el paisaje escarpado que ofrece la ruta de la ermita en Buendía, junto con el maravilloso color del río, por no olvidar la empanadilla de cabello de ángel de Sacedón (de la panadería que hay a la izquierda del ayuntamiento, en la plaza de la iglesia).
- Lo peor: la falta de iluminación nocturna del castillo de Torija.
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domingo, 24 de febrero de 2013
Viaje a la Alcarria
Nuestro siguiente destino ha sido La Alcarria, aunque resultó ser un viaje un tanto improvisado, ya que el parte meteorológico no acompañaba... pero una vez más se equivocaron.
Primera parada: Hueva.
Destaca la plaza con un Ayuntamiento porticado, y la iglesia, a la cual desgraciadamente no pudimos acceder porque estaba cerrada y vallada. (Tal vez preguntando en el pueblo se pueda localizar al cura o al alcalde para poder visitarla. Nosotros no lo intentamos).
Su visita nos llevó poco tiempo, ya que íbamos de paso hacia Pastrana.
Puesto que nuestro objetivo era visitar la zona de los embalses de Zorita, en Pastrana simplemente callejeamos un rato, sin realizar ninguna visita guiada, aunque en la oficina de turismo nos dan esa posibilidad (13h, 17h).
Se destaca el Palacio Ducal, cuyo interior también puede visitarse (aunque no está amueblado), y la panorámica que ofrece la plaza de la hora (frente al palacio).
Merece la pena dar un paseo por sus calles de trazado medieval.
De allí nos dirigimos a Zorita de los Canes; antes de llegar al pueblo ya se divisa en lontananza la inmensa mole de los restos del Castillo.
Una vez allí nos dirigimos a la oficina de turismo, donde nos explicaron los rincones a descubrir y nos ofrecieron gran cantidad de información sobre Guadalajara provincia.
Es más que recomendable acceder al castillo, donde encontraremos la esencia de lo que en su día fue Zorita, construida en parte con piedra que se obtuvo de Recópolis, restos de una ciudad visigoda que está a pocos kilómetros, y que por falta de tiempo no pudimos visitar, aunque nos informaron que existe un Centro de Interpretación.
La historia de la villa se resumen entre los muros del castillo, historia que pudimos conocer de la mano de Cristina, la antigua guía del pueblo, que nos invitó a participar en la explicación a un grupo de turistas (explicación que realizaba de forma desinteresada, ya que el servicio de guía que antes se ofrecía ya no está disponible).
Se nos echó encima la hora de la comida, así que fuimos a Almonacid de Zorita, donde comimos en un restaurante y dimos un breve paseo por el pueblo.
En el propio pueblo cogimos un desvío que nos permite ir por un lado al poblado de Bolarque (poblado surgido a principios de 1900 para trabajar en la obtención de energía eléctrica gracias a un salto de agua), y por otro a la "Costa de Altomira", donde se accede al Club Náutico y a la playa artificial. Además de este desvío, también se puede ir desde Albalate de Zorita, a través de una carretera bastante mejor pavimentada que la de Almonacid.
Tras contemplar toda la zona del Embalse de Bolarque, emprendimos el camino de vuelta, deteniéndonos en Tendilla, donde se celebraba la Feria de San Matías, fiesta de gran tradición, a cuya celebración se debe la existencia de porches en su calle principal.
Primera parada: Hueva.
Destaca la plaza con un Ayuntamiento porticado, y la iglesia, a la cual desgraciadamente no pudimos acceder porque estaba cerrada y vallada. (Tal vez preguntando en el pueblo se pueda localizar al cura o al alcalde para poder visitarla. Nosotros no lo intentamos).
Su visita nos llevó poco tiempo, ya que íbamos de paso hacia Pastrana.
Puesto que nuestro objetivo era visitar la zona de los embalses de Zorita, en Pastrana simplemente callejeamos un rato, sin realizar ninguna visita guiada, aunque en la oficina de turismo nos dan esa posibilidad (13h, 17h).
Se destaca el Palacio Ducal, cuyo interior también puede visitarse (aunque no está amueblado), y la panorámica que ofrece la plaza de la hora (frente al palacio).
Merece la pena dar un paseo por sus calles de trazado medieval.
De allí nos dirigimos a Zorita de los Canes; antes de llegar al pueblo ya se divisa en lontananza la inmensa mole de los restos del Castillo.
Una vez allí nos dirigimos a la oficina de turismo, donde nos explicaron los rincones a descubrir y nos ofrecieron gran cantidad de información sobre Guadalajara provincia.
Es más que recomendable acceder al castillo, donde encontraremos la esencia de lo que en su día fue Zorita, construida en parte con piedra que se obtuvo de Recópolis, restos de una ciudad visigoda que está a pocos kilómetros, y que por falta de tiempo no pudimos visitar, aunque nos informaron que existe un Centro de Interpretación.
La historia de la villa se resumen entre los muros del castillo, historia que pudimos conocer de la mano de Cristina, la antigua guía del pueblo, que nos invitó a participar en la explicación a un grupo de turistas (explicación que realizaba de forma desinteresada, ya que el servicio de guía que antes se ofrecía ya no está disponible).
Se nos echó encima la hora de la comida, así que fuimos a Almonacid de Zorita, donde comimos en un restaurante y dimos un breve paseo por el pueblo.
En el propio pueblo cogimos un desvío que nos permite ir por un lado al poblado de Bolarque (poblado surgido a principios de 1900 para trabajar en la obtención de energía eléctrica gracias a un salto de agua), y por otro a la "Costa de Altomira", donde se accede al Club Náutico y a la playa artificial. Además de este desvío, también se puede ir desde Albalate de Zorita, a través de una carretera bastante mejor pavimentada que la de Almonacid.
Tras contemplar toda la zona del Embalse de Bolarque, emprendimos el camino de vuelta, deteniéndonos en Tendilla, donde se celebraba la Feria de San Matías, fiesta de gran tradición, a cuya celebración se debe la existencia de porches en su calle principal.
- Lo mejor: la explicación de la guía de Zorita de los Canes (Cristina), que, además de hacerlo de manera desinteresada y ofrecerse para quien quiera visitar el castillo en futuras ocasiones, trasmite su pasión por la historia en cada una de sus palabras.
- Lo peor: el gigantesco armazón de un edificio a medio construir en las cercanías del club náutico, claro reflejo del poco respeto que, en este país, suele tener la rapiña constructora hacia el patrimonio natural.
Aparte de esto, no nos acompañó el clima y, aunque no llovió, nos hizo un viento frío y constante, con una temperatura media de 2 grados.
Curiosidades: A mitad de camino entre Almonacid de Zuera y el pantano de Bolarque, en lo más alto del desnivel que salva la carretera, encontramos un merendero con unas vistas maravillosas de todo el territorio circundante.
domingo, 18 de noviembre de 2012
Ruta de la arquitectura negra y Chorreras de saltalagua
A tan sólo treinta minutos de Guadalajara tenemos Tamajón, puerta de entrada de la ruta de la arquitectura negra. A partir de allí la ruta se bifurca en dos carreteras que forman una "Y" bordeando el Ocejón, un imponente pico que se eleva hasta superar los 2.000 metros de altura. AVISO A LOS NAVEGANTES: para recorrer la ruta completa en coche hay que ir hasta el final de una de las dos carreteras (Majaelrayo por la carretera GU-186, o Valverde de los Arroyos GU-211) y volver a Tamajón para tomar la otra; existe alguna pista forestal para atravesar el Ocejón, pero no es recomendable si no es para todo terrenos.
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| Tamajón |
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| Majaelrayo |
Nuestra primera parada después de Tamajón fue Majaelrayo, el pueblo más turístico de esta parte del recorrido en el que encontraremos un buen abanico de opciones para alojamiento y hostelería. Retomamos la carretera de vuelta a Tamajón para ir haciendo paradas en pueblos y pedanías cada poquitos kilómetros (una de las ventajas de esta ruta es la cercanía entre las localidades y la posibilidad de realizar rutas a pie o en bici).
Nuestro siguiente alto en el camino fue en Robleluengo, más pequeño que Majaelrayo y donde se puede respirar un ambiente de total tranquilidad y calma. Tras Robleluengo, parada en Campillo de Ranas, donde se repiten las calles enteras construidas con la pizarra negra característica de la zona y que da nombre a este tipo de arquitectura.
El Espinar y Campillejo completan la ruta de vuelta a Tamajón, desde donde cambiamos de carretera para ir hacia Valverde; de esta parte de la ruta dejamos por ver, por motivos de tiempo, Almiruete y Palancares, pues queríamos visitar las chorreras de Despeñalagua.
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| Robleluengo |
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| Campillo de Ranas |
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| Chorreras de Despeñalagua |
En Valverde llama la atención el uso de la pizarra en la construcción de las casas, ligeramente diferente a la del resto de pueblos. Aquí encontraremos más movimiento de turistas, por lo que el acceso al interior del pueblo en vehículo estará limitado los festivos y fines de semana. No obstante a la entrada encontraremos las indicaciones para acceder a un aparcamiento (donde tal vez nos espere un simpático grupo de caballos).
Desde el pueblo tomamos una vereda que, tras un camino de unos 35 minutos nos lleva hasta el espectacular salto de agua conocido como las chorreras de Despeñalagua.
Ya para finalizar, seguimos carretera adelante para llegar, en 9 kilómetros, a Umbralejo, un pueblo-escuela con estampas de postal otoñal; este pueblo fue expropiado a sus habitantes por el Instituto para la Conservación de la Naturaleza (ICONA) en 1971, y pasa a pertenecer, en 1984, al Programa de Recuperación de Pueblos Abandonados. Actualmente recibe visitas y campamentos de jóvenes, pero no tiene ningún habitante.
En Tamajón tenemos la oficina de turismo en la que nos atenderán y nos darán información sobre la ruta completa.
- Lo mejor: la simpática atención de los habitantes de estos pequeños pueblos y el color que la caída de las hojas le da a toda la zona.
-
Lo peor: la
falta de "empatía" y "buen rollito" con los
turistas; echamos en falta los saludos informales que se suelen
intercambiar cuando te cruzas a alguien paseando por parajes poco
transitados; la señalización deficiente de algunospueblos o zonas
de interés turísticos.
Curiosidades: A
nuestro regreso al coche en Valverde, encontramos cuatro caballos
"gandulenado" en el aparcamiento que no dudaron en
"asaltarnos" atraídos por el olor de unas manzanas que
acabábamos de comprar en el pueblo. Se agradece comprar fruta a la gente del pueblo porque te hacen rememorar tiempos pasados en que se usaba la romana para pesar y un kilo resultaba ser siempre "un puñao" más.
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