Primera parada: Hueva.
Destaca la plaza con un Ayuntamiento porticado, y la iglesia, a la cual desgraciadamente no pudimos acceder porque estaba cerrada y vallada. (Tal vez preguntando en el pueblo se pueda localizar al cura o al alcalde para poder visitarla. Nosotros no lo intentamos).
Su visita nos llevó poco tiempo, ya que íbamos de paso hacia Pastrana.
Puesto que nuestro objetivo era visitar la zona de los embalses de Zorita, en Pastrana simplemente callejeamos un rato, sin realizar ninguna visita guiada, aunque en la oficina de turismo nos dan esa posibilidad (13h, 17h).
Se destaca el Palacio Ducal, cuyo interior también puede visitarse (aunque no está amueblado), y la panorámica que ofrece la plaza de la hora (frente al palacio).
Merece la pena dar un paseo por sus calles de trazado medieval.
De allí nos dirigimos a Zorita de los Canes; antes de llegar al pueblo ya se divisa en lontananza la inmensa mole de los restos del Castillo.
Una vez allí nos dirigimos a la oficina de turismo, donde nos explicaron los rincones a descubrir y nos ofrecieron gran cantidad de información sobre Guadalajara provincia.
Es más que recomendable acceder al castillo, donde encontraremos la esencia de lo que en su día fue Zorita, construida en parte con piedra que se obtuvo de Recópolis, restos de una ciudad visigoda que está a pocos kilómetros, y que por falta de tiempo no pudimos visitar, aunque nos informaron que existe un Centro de Interpretación.
La historia de la villa se resumen entre los muros del castillo, historia que pudimos conocer de la mano de Cristina, la antigua guía del pueblo, que nos invitó a participar en la explicación a un grupo de turistas (explicación que realizaba de forma desinteresada, ya que el servicio de guía que antes se ofrecía ya no está disponible).
Se nos echó encima la hora de la comida, así que fuimos a Almonacid de Zorita, donde comimos en un restaurante y dimos un breve paseo por el pueblo.
En el propio pueblo cogimos un desvío que nos permite ir por un lado al poblado de Bolarque (poblado surgido a principios de 1900 para trabajar en la obtención de energía eléctrica gracias a un salto de agua), y por otro a la "Costa de Altomira", donde se accede al Club Náutico y a la playa artificial. Además de este desvío, también se puede ir desde Albalate de Zorita, a través de una carretera bastante mejor pavimentada que la de Almonacid.
Tras contemplar toda la zona del Embalse de Bolarque, emprendimos el camino de vuelta, deteniéndonos en Tendilla, donde se celebraba la Feria de San Matías, fiesta de gran tradición, a cuya celebración se debe la existencia de porches en su calle principal.
- Lo mejor: la explicación de la guía de Zorita de los Canes (Cristina), que, además de hacerlo de manera desinteresada y ofrecerse para quien quiera visitar el castillo en futuras ocasiones, trasmite su pasión por la historia en cada una de sus palabras.
- Lo peor: el gigantesco armazón de un edificio a medio construir en las cercanías del club náutico, claro reflejo del poco respeto que, en este país, suele tener la rapiña constructora hacia el patrimonio natural.
Aparte de esto, no nos acompañó el clima y, aunque no llovió, nos hizo un viento frío y constante, con una temperatura media de 2 grados.
Curiosidades: A mitad de camino entre Almonacid de Zuera y el pantano de Bolarque, en lo más alto del desnivel que salva la carretera, encontramos un merendero con unas vistas maravillosas de todo el territorio circundante.
